sábado, abril 23, 2005

Uno está mirando televisión medio dormido y piensa: "Me tendría que ir a la cama ahora mismo". Sin embargo, no lo hace. En cambio, combate el sueño para poder seguir viendo televisión, buscando ese momento de entretenimiento que se nos escapa: un auto explotando, una mujer desnuda, lo que sea con tal de combatir el sueño. ¿Por qué? Porque el dedo que aprieta los botones del control remoto es la última parte del cuerpo en quedarse dormida. Otra cosa increíble es lo que la gente puede llegar a comprar por televisión. Tomen como ejemplo los comerciales del Llame ya: en algún momento uno comienza a pensar "no creo que pueda cortar un zapato en dos con alguno de mis cuchillos". No hay nada de lo que me avergüence más en la vida que haber pronunciado esas malditas palabras: "Hola, quisiera encargar los cuchillos Ginzu". Me encantaría estar inventando esto, pero soy propietario de un magnífico set de cuchillos Ginzu. Y son una estafa.
Así mismo lo que la televisión hace que tontamente creamos, sin ponernos a pensar en el porque de las cosas