Antes de que se me olvide
Desde que tenía 2 meses, vivo al lado del 1213. Siempre he cantado y creo que soy un chingón.
Recuerdo cuando junto a mis vecinos acampábamos en los patios, en los porches, con nuestras muy modestas casas de campaña en nuestra muy modesta época de modestia.
Recuerdo como nunca nos dió por volar una cometa, ni jugar a los carritos. ¿entonces que hacíamos? nos íbamos de excursión a perdernos con la meta de encontrar el camino de regreso.
Casi nunca repetimos uno de nuestros juegos y nunca fue un reto el no hacerlo, simplemente éramos tan auténticos que a donde íbamos hacíamos lo que se nos daba la gana, respetando y haciéndonos respetar.
Tiempo mas tarde, algunos años. El grupo se dividió cuando uno de nosotros perdió a un ser querido y se lo llevaron, relativamente lejos. No una lejanía de distancia pero si de acercamiento. Uno crece y va conociendo personas diferentes, y todo es cuestión de adaptarse, de sobrevivir... así que uno de igual manera cambia.
Sigo viviendo al lado del 1213, pero ya nadie vive ahí mas de 2 meses. dicen que muchos rechazan habitarlo por los últimos dos números, creo que es una estupidez. Una respetable estupidez... En ocasiones volteo al 1209 y veo aquel porche, y recuerdo los días en que acampábamos, pero solo veo a mis vecinos, a mis ahora conocidos y los saludo levemente, alguna vez hace algunos años coincidimos en una aventura aún mas loca, uno de ellos se casó.
y aunque ese encuentro fue mas del tipo profesional que otra cosa, fue como tratar de revivir (sin recompenza) los viejos tiempos. Todo cambia, esperando que los buenos recuerdos siempre perduren. Ahora me reuno con otras personas, algunas ni siquiera son de mi estado. son etapas tan honestas que aunque terminaron, oficialmente existieron y todo ha formado una base para entenderme el porque ahora soy como soy. Tal vez, con mas defectos que virtudes pero todos auténticos, porque jamás he dejado de ser yo... el que vive al lado del 1213.
Recuerdo cuando junto a mis vecinos acampábamos en los patios, en los porches, con nuestras muy modestas casas de campaña en nuestra muy modesta época de modestia.
Recuerdo como nunca nos dió por volar una cometa, ni jugar a los carritos. ¿entonces que hacíamos? nos íbamos de excursión a perdernos con la meta de encontrar el camino de regreso.
Casi nunca repetimos uno de nuestros juegos y nunca fue un reto el no hacerlo, simplemente éramos tan auténticos que a donde íbamos hacíamos lo que se nos daba la gana, respetando y haciéndonos respetar.
Tiempo mas tarde, algunos años. El grupo se dividió cuando uno de nosotros perdió a un ser querido y se lo llevaron, relativamente lejos. No una lejanía de distancia pero si de acercamiento. Uno crece y va conociendo personas diferentes, y todo es cuestión de adaptarse, de sobrevivir... así que uno de igual manera cambia.
Sigo viviendo al lado del 1213, pero ya nadie vive ahí mas de 2 meses. dicen que muchos rechazan habitarlo por los últimos dos números, creo que es una estupidez. Una respetable estupidez... En ocasiones volteo al 1209 y veo aquel porche, y recuerdo los días en que acampábamos, pero solo veo a mis vecinos, a mis ahora conocidos y los saludo levemente, alguna vez hace algunos años coincidimos en una aventura aún mas loca, uno de ellos se casó.
y aunque ese encuentro fue mas del tipo profesional que otra cosa, fue como tratar de revivir (sin recompenza) los viejos tiempos. Todo cambia, esperando que los buenos recuerdos siempre perduren. Ahora me reuno con otras personas, algunas ni siquiera son de mi estado. son etapas tan honestas que aunque terminaron, oficialmente existieron y todo ha formado una base para entenderme el porque ahora soy como soy. Tal vez, con mas defectos que virtudes pero todos auténticos, porque jamás he dejado de ser yo... el que vive al lado del 1213.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home