Sentado en el camión de camino al centro, la música que sonaba por mis audífonos ha hecho que mi mente se fuera de viaje. El camión repleto de gente leyendo o esquivando miradas entre sí, de pie y apretados como borregos, mantenían una cara amarga.
Al compás de la música, mis pies han empezado a moverse, con discreción. La gente continuaba de pie, apretada, mirándose sin coincidir. Al rato, mis manos comenzaron a dar pequeños golpes en la mochila, como si fuera el percusionista de la canción. Los individuos de mi alrededor, al percatarse de mi aparente felicidad, me han mirado con la cara afligida que les caracteriza de buena mañana. Como respuesta automática, mi cabeza a empezado a tambalearse de derecha a izquierda.
Tenía ganas de cantar, de seguir el ritmo de la música y que todo el mundo se diera cuenta. Como si de un musical se tratara, quería que las personas siguieran mi imaginación y se dejaran llevar por la música de mis audífonos. Pero no fue así.
De repente, una melodía pasada de moda comenzó a escucharse en el camión, producto de un artista de la calle. Era una canción viejita que, al máximo volumen, me advertía de una llamada. Mi mente ha vuelto a la triste realidad del camión. Pero, ¿por qué no pueden ser todas las mañanas así de musicales? por mas desvelado que te encuentres...
Al compás de la música, mis pies han empezado a moverse, con discreción. La gente continuaba de pie, apretada, mirándose sin coincidir. Al rato, mis manos comenzaron a dar pequeños golpes en la mochila, como si fuera el percusionista de la canción. Los individuos de mi alrededor, al percatarse de mi aparente felicidad, me han mirado con la cara afligida que les caracteriza de buena mañana. Como respuesta automática, mi cabeza a empezado a tambalearse de derecha a izquierda.
Tenía ganas de cantar, de seguir el ritmo de la música y que todo el mundo se diera cuenta. Como si de un musical se tratara, quería que las personas siguieran mi imaginación y se dejaran llevar por la música de mis audífonos. Pero no fue así.
De repente, una melodía pasada de moda comenzó a escucharse en el camión, producto de un artista de la calle. Era una canción viejita que, al máximo volumen, me advertía de una llamada. Mi mente ha vuelto a la triste realidad del camión. Pero, ¿por qué no pueden ser todas las mañanas así de musicales? por mas desvelado que te encuentres...


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