Siempre
me han caído mal las personas que creen, que por estar un poquito metidas en el
deporte de la lucha libre, y conocer cosas personales de los luchadores, ya son
todos unos conocedores y merecen un diplomita. Sobre todo, esos que se la pasan
en los foros y ahora en facebook diciendo los nombres reales de los luchadores,
como si a alguien de verdad le importara saberlo. Desgraciadamente, los foros
fueron un arma de doble filo para la lucha libre. Recuerdo con nostalgia,
cuando los foros estaban en verdadero apogeo y quien ahí opinaba dejó plasmada
verdadera pasión y respeto por la lucha libre. Hoy, los foros son solo migajas
de aquello, y los que ahora ocupan nuestros lugares heredaron incluso odio
hacia alguna publicación, algún luchador, etc., sin saber siquiera porque lo
hacen.
Pero
si eso fueron los foros, con el facebook y el twitter estamos fritos. No quiero
verme como un anciano amargado porque no todo son malas noticias, pero siento en mi opinión, que el acercamiento que
estas redes sociales nos brindan con nuestros ídolos, al mismo tiempo los
deshace. En el facebook ya te puedes llevar de “wey” con un luchador que tal
vez en la arena veías con respeto y lo percibías inalcanzable. Lo bueno de
estas redes, entre muchas otras cosas, es que los aficionados de corazón,
formaron un especie de retén para los fraudes. Antes, tenías que esperar una
semana para que la revista llegara a tu ciudad y enterarte que tu luchador
local que ya había perdido la tapa, la fue a apostar con los pobrecitos de
Tijuana que siempre les hacen la misma. Hoy, la misma banda rocanrolera te
etiqueta en los flyers (en mich tiempoch che llamaban volantes) y te das cuenta
quien va a luchar en el instante.
Yo
siempre he dicho que a los que nos gusta la lucha libre tenemos firmado un
pacto de caballeros, en donde vamos a la arena sabiendo lo que nos van a ofrecer,
viendo con pasión y ¿por qué no? Abucheando alguna mala acción de vez en
cuando. Ahora, hay mucho trolecito que ve todo con lupa para llegar a su casa y
correr al foro para decir que fulanito o menganito hicieron un trabajo desastroso
y bla, bla, bla.
Entre
spoilers y opiniones de gente que se cree conocedora, la lucha libre está
perdiendo esa pasión. Antes, esperabas ansioso el fin de semana para ver la
lucha libre nacional por televisión. Hoy, gracias a los medios, sabes que lo
que te pasan en la tele tiene 2 semanas de haber sido realidad y entre que ya
sabes los resultados y el osito gominola mejor le cambias.
La
lucha libre es una pachanga, en serio, es una fiesta. No quiero que se
confundan, no me refiero a que me gusta ver como se bajan los calzones entre
los luchadores y como los exóticos dan besos, y como los réferis en muchas
ocasiones son los principales protagonistas, aunque tampoco soy de los que se
orgasmean con ver puro llaveo y contra llaveo (aunque últimamente anda la moda
de montar luchas que aunque a muchas personas les fascinan y hasta lloran por
la “calidad” de las llaves, yo, sin demeritar, no le veo mucho el caso a hacer
una llave y soltar a los 3 segundos sin una contra llave para hacer otra) pero
me encanta ver como los papás llevan a los niños ilusionados, y con esfuerzos
les compran una máscara barata que para el niño será el mayor de sus tesoros.
Me fascina ver grupos de amigos con la cheve en la mano gritándole a los rudos.
Me agrada mucho ver como las muchachas se asustan cuando las hostilidades
llegan cerca de donde están. Y hay que decirlo, también me gustan mucho las
edecanes.
La
lucha libre siempre va a estar ahí, en cualquier modalidad. A veces me aturde
la AAA y me aburre el CMLL, hay términos medios locales, y es lo bueno del asunto,
cada quien puede elegir lo que mejor le plazca. Pero aunque a veces digamos que
la lucha tiene sus altas y bajas, siempre va a estar ahí. Les ha pasado, cuando
están con un grupo de amigos, que no saben nada de lucha, solo que Alushe es de
pelushe, y por X o Y tocan el tema, y te voltean a ver diciendo “este wey es el
que sabe de esas madres” muchas veces ni quieres tocar el tema porque sabes que
van a terminar burlándose de la lucha, y quieres que se le respete. Pues bueno,
entonces si exigimos respeto para el deporte, vamos a empezar a respetarla
nosotros mismos.
Una,
dos, tres por mi y por todos mis amigos. Vámonos