La vida real no es una especie de plastilina que pueda adoptar la forma que queramos. Hay una naturaleza de las cosas, unas relaciones naturales entre ellas, que configuran un orden de prioridades, una jerarquía de valores. Es más importante la cabeza que la mano; hay que conservar antes aquella que ésta; y, ésta, si caemos, instintivamente se adelanta a parar el golpe. Por ejemplo, es más importante el coche que su cenicero. Si el cenicero está lleno de colillas no es sensato tirar el coche y comprarse otro, sino tirar las colillas y conservar el coche. Si hay que vacunar a un niño, es mejor que llore un poco que no lo haga y haber de enterrarlo prematuramente.
Un fin elegido, con resultado bueno, por el hecho de que se realice después del mal del que se ha seguido, no convierte en bueno a ese mal, puesto que el mal ya está hecho, ya es pasado, y no hay nada más inalterable que el pasado. El futuro puede cambiar. No faltan quienes aseguran que el futuro “ya no es lo que era”. Pero el pasado no hay quien lo mueva. Si la voluntad ha hecho libremente el mal, ya se ha hecho mala y no hay quien lo pueda evitar. Lo mismo que con la sola intención y un buen deseo no puedo mover una silla o una mesa, a no ser en un escenario tipo David Copperffield. Con tales elementos no se puede convertir un homicidio en un nacimiento, ni un robo en una obra de misericordia.
Además, cuando los medios son elegidos libremente, son queridos; y por eso equivalen a fines que, en nuestro caso, son malos.
Fines y medios no son valores independientes, que se puedan juzgar por separado, porque los fines de alguna manera proceden de los medios; si no, no se conseguiría ningún fin: nadie da lo que no tiene. Es absolutamente imposible que un medio injusto conduzca un fin justo; sería una tremenda contradicción. El fin alcanzado por medios injustos pierde su calidad de fin y no puede ser bueno.
En cierto modo los medios contienen ya el fin; los procedimientos anuncian el resultado. Predicar, matar, conmover, forzar, orar, desaforar, no son medios neutros que sirvan para cualquier fin: cada uno lleva implícito el resultado.
Cierra tus ojos e imagina como sería el mundo sin ti… como sería la vida de tus seres cercanos si tu nunca hubieras estado ahí, ¿de quién hubiera recibido un consejo en ese momento, la persona a la que le evitaste sufrimientos?, ¿quien le daría un trabajo de igual profesionalismo a tu cliente?, acaso te has puesto a pensar, ¿que ejemplo a seguir tendría ese familiar pequeño que te sigue a todos lados?, supongo que ni siquiera te pasa por la mente lo agradecidos que estan tus superiores por la ayuda que les brindas, el orgullo de tus padres por el solo hecho de tenerte, los hombros que unas lágrimas buscaron alguna vez, ese sentimiento de importancia que provocas cuando confías en alguien, las sonrisas que contagias con tu sentido del humor, quizà, los enojos que derivan de alguna mala obra, y terminan en amistades sòlidas, el consejo que alguien necesito oportunamente para quitarse la venda de los ojos. Y esque, quizà eres mucho mas de lo que piensas. Ahora si ¿te consideras importante?

